¿Por qué tenemos pelo?

Evolución humana
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P: Puede sonar a pregunta absurda, pero ¿por qué tenemos pelo en la cabeza? ¿Cuál es la función real del cabello? ¿Está ahí solo para mantener la cabeza caliente?
 
R: Como ocurre con cualquier otro rasgo físico en los animales, el pelo existe porque nuestros antepasados se fueron adaptando con el tiempo para poder sobrevivir en su entorno. El cabello aporta cierto aislamiento térmico frente al frío, pero eso es probablemente solo una parte de la historia.
 
El pelo del cuero cabelludo actúa como un escudo natural que lo protege de la radiación ultravioleta y de las quemaduras solares. También cumple un papel clave a la hora de reducir la cantidad de calor solar que llega a la piel de la cabeza. El cabello rizado o con textura afro, en particular, crea una capa de protección térmica que resguarda la cabeza del calor extremo mientras conserva la hidratación y el agua corporal que, de otro modo, perderíamos al sudar. Además, la melena proporciona una amortiguación física que protege el cráneo de pequeños golpes y rozaduras cotidianas.
 

Pérdida evolutiva del vello corporal

Nuestros antepasados tenían muchísimo más pelo por casi todo el cuerpo. Con el paso del tiempo, los humanos evolucionamos hasta tener bastante menos vello corporal que nuestros parientes los primates. Los científicos creen que este cambio estuvo probablemente relacionado (al menos en parte) con la necesidad de regular la temperatura corporal de forma más eficiente.
 
A medida que nuestros antepasados empezaron a ser más activos en entornos cálidos, tener menos vello en la piel, sumado a nuestra capacidad para transpirar con eficacia, facilitó la liberación del exceso de calor. Además, deshacernos de una cobertura de vello corporal densa redujo el hábitat de parásitos como piojos y garrapatas. Al mismo tiempo, el vello fino que aún conservamos en la piel sigue funcionando como un sistema sensorial de alerta temprana contra picaduras de bichos e insectos.
 
Es poco probable que perdiéramos la mayor parte del vello corporal simplemente por aprender a hacer fuego, construir refugios o vestirnos. Esos avances tecnológicos sin duda hicieron que el pelo fuera menos necesario para abrigarnos, pero la gran reducción del vello humano parece haber ocurrido mucho antes. Los investigadores siguen debatiendo el motivo exacto por el que nos quedamos con zonas tan despobladas de pelo, y se han propuesto factores como la termorregulación, los parásitos y la selección sexual.
 
Cavernícola cazando
 

Por qué conservamos pelo en zonas específicas

El pelo se mantuvo en ciertos lugares porque pudo haber seguido cumpliendo funciones muy útiles. Las cejas y las pestañas forman una barrera protectora que evita que el sudor salado, el polvo y la lluvia nos caigan directamente en los ojos. El vello de las axilas y las ingles ayuda a reducir la fricción entre piel y piel al caminar o correr. También pudo haber jugado un papel clave a la hora de atrapar o difundir señales químicas (feromonas) que indicaban salud o madurez. Sin embargo, los científicos aún no tienen una respuesta definitiva de por qué conservamos el pelo en esas zonas concretas, por lo que estas ideas siguen siendo hipótesis bien fundamentadas y no hechos absolutos.
 
El cabello de la cabeza es un caso un poco diferente. El cuero cabelludo pudo haber conservado el pelo porque sirve de aislante en épocas de frío, pero hay buenas razones para pensar que la fibra capilar ayudó principalmente a nuestros antepasados erguidos a lidiar con el intenso calor tropical. Cuando los humanos empezamos a pasar más tiempo de pie y corriendo sobre dos piernas, la parte superior de la cabeza se convirtió en la zona más expuesta a la radiación solar. El pelo actúa como un verdadero escudo solar para mantener el cerebro fresco, reduciendo el esfuerzo físico que el cuerpo tiene que hacer para enfriarse a través del sudor.
 
También existe la posibilidad de que el desarrollo del cabello se viera influido por la selección sexual. El pelo siempre ha sido una señal visible de la edad, la salud, la madurez sexual y el estado general de una persona. Rasgos como el largo de la melena, la densidad capilar, el grosor de la fibra o el aspecto general del cabello pudieron haber influido directamente en la elección de pareja. Pero esta es solo una pieza más del puzle, y resulta difícil precisar cuánto aportó la selección sexual en comparación con la propia regulación térmica.
 
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Ver también: La estructura del cabello